16/01/2007

La mordaza de Putin

La libertad de decir lo que se piensa parece algo connatural al ser humano, en Estados Unidos y Europa occidental las jóvenes generaciones lo creen así y, hasta cierto punto, no valoran el privilegio del que disfrutan. Sin embargo, la libertad de expresión, si tomamos como referencia el conjunto del planeta, es más una excepción que una regla.

Hoy en día, en pleno siglo XXI, la Rusia gobernada por Vladimir Putin es un lacerante ejemplo de totalitarismo disfrazado de eterna transición democrática, que oculta bajo innumerables eufemismos infinidad de crímenes, que se manifiestan a través de todas las formas posibles en las que el ser humano pierde dicha condición y se convierte en un lobo para sí mismo, otorgándole la razón al pensador británico del siglo XVII Thomas Hobbes “El hombre es un lobo para el hombre”. Hobbes proponía, para controlar al latente licántropo que todos anidamos, un gobierno fuerte, omnipresente, que todo lo pudiese, un Leviatán. Parece tener sentido, es una solución lógica, detener al lobo con un poder supremo aceptado por todos. Pero ¿Y si, como sucede en la Rusia actual, ese poder supremo fuese la expresión de nuestra maldad individual?

La consecuencia es el mal institucionalizado, no tendríamos un poder intimidador contra el mal, sino una bestia que lo promueve y expande hasta invadir todos los rincones de la nación y atemorizar a sus vecinos, Ucrania, Bielorrusia, países bálticos, Georgia... sembrando el terror allá por donde transita, sin tolerar la más mínima oposición tanto interna como externa. Dentro de su organismo la gran Rusia ha devastado Chechenia, tras dos guerras, la primera de 1994 a 1996 y la segunda desde la llegada al poder del “Zar” Putin en el año 2000. Éste, con su sanguinaria administración del poder ha borrado del mapa Grozny, la capital chechena, y hundido en la miseria a todos sus habitantes.

Y este drama humano, del que las democracias occidentales deberían sentirse avergonzadas, tan sólo es conocido parcialmente debido a que la tan anhelada libertad de expresión es inadmisible para los dirigentes rusos. Sin embargo, gracias al impagable y emocionante trabajo de periodistas como Anna Politkóvskaya, podemos conocer gran parte de las atrocidades en las que tanto el régimen de Moscú como su servicial delegación local, encabezada por Razmán Kadirov, se recrean, ante la inoperancia europea y la complicidad de la administración Bush, amparada tras la indeterminada guerra contra el terrorismo. Una guerra en la que todo vale y donde occidente queriendo luchar por defender sus valores no hace más que pisotearlos, tirando por la borda todo su crédito político, moral e incluso humano.

¿Hasta dónde pretenden llegar? Hasta donde les permitan, Putin cuenta con la pusilánime actitud europea, que mezquinamente se miente a sí misma para obtener a buen precio la energía del “Zar”, limpiándose las manos ante la sangre de Politkovskaya. La Historia tomará nota de la mediocridad y falta de escrúpulos de Merkel, Chirac, Prodi, Blair y Zapatero. Líderes inútiles, sin la consistencia política ni personal como para trascender a su tiempo, reclamando la decencia en el mundo del siglo XXI, haciendo un enorme favor, no sólo al pueblo ruso, sino a nuestras agarrotadas e inconscientes sociedades occidentales e incluso a sí mismos.