
Una vez iniciado un nuevo campeonato nacional de Liga he considerado oportuno publicar una entrada dedicada al club por el que siento una devoción especial, el Fútbol Club Barcelona. En este nuevo escrito irá incluido un artículo publicado por otro gran barcelonista y excepcional escritor, Manuel Vázquez Montalbán. En octubre se cumplen cuatro años del fallecimiento del inagotable periodista y escritor; como es bien sabido, sus dos grandes pasiones eran la cocina y el fútbol, temas a los que dedicó gran parte de su obra y con los que hizo disfrutar a generaciones de lectores que descubrieron otra forma de divertirse con el Barça.
En sus artículos deportivos se traslucía la idea que a gran número de barcelonistas nos atrae hacia el club azulgrana, El Barça es más que un club. Muchos, sobre todo en los últimos años, han querido identificar esa idea con el nacionalismo catalán, nada más alejado de la realidad. Muchos seguidores barcelonistas de toda España lo somos porque el Barça representa una determinada manera de concebir, no sólo el fútbol sino el deporte en general, basada en la convivencia, el respeto al juego limpio, la elegancia, la igualdad de todos los equipos y deportistas ante los reglamentos... Toda una manera de concebir el deporte propia de sociedades democráticas, muy alejada de la concepción de un club reforzado artificialmente para servir de propaganda a un régimen dictatorial y ser un modo más de propaganda interior e internacional.
Quizás el momento en el que ser del Barça significó mucho más que apoyar a un simple equipo de fútbol fue en el tardo-franquismo. La llegada de Johan Cruyff a mediados de la temporada 1973-74 y la remontada que condujo a la obtención del título de Liga, coronado todo ello por el 0-5 en el estadio Santiago Bernabéu fue un síntoma más de que algo se movía en la sociedad española. Una sociedad cansada del aislacionismo internacional, del retraso económico y social, del mediocre cine franquista, de la propaganda del régimen, de la ausencia de libertad gritó con entusiasmo los goles del genial holandés cuyo éxito supuso un relámpago de ilusión y protesta que doblegó el tan manido Spain is different para dar paso al...
El Barça is different

Por MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN
Inevitablemente, éste será un año de récords para Cataluña: el área metropolitana barcelonesa concentra la mayor densidad industrial y demográfica de Europa; nos corresponden más kilómetros de peaje per cápita que a ningún otro colega en hispanidad; don Eduardo Tarragona ha batido el récord de ruegos y preguntas con un mamotreto de kilo y medio; próximamente, Barcelona será la Meca de las juventudes neofascistas europeas; paradójicamente, éste es el rincón de España con más demócratas por miriámetro cuadrado; estamos a la cabeza del consumo de endibias y cante hondo. Barcelona es uno de los pocos lugares de España donde las endibias pueden tomarse con salsa de queso roquefort y donde el cante hondo se esparce por el cinturón industrial con los acentos sociales de Manuel Gerena... "Gerena, qué bien suena tu nombre con la pena", ha escrito Rafael Alberti.
Cuando me han pedido que escribiera hoy sobre la victoria del Barça en la Liga española sin entrar en el terreno de lo estrictamente deportivo, he soltado la espita del automatismo y me ha salido un primer párrafo aparentemente desconectado del cuatro a dos de ayer en el campo de El Molinón. Pero creo que está claro que para mí el Barça, y todas sus significaciones, de alguna manera está implícito en mis enunciados anteriores. En las gradas del Barça está la Cataluña industrial, la tarragoniana, el barcelonés de ferias y congresos, los penenes (profesores no numerarios), los gourmets de endibias, los gourmets de cante hondo, Rafael Alberti incluso, a pesar de su exiliada distancia, con su poema sobre Platko, gigantesco portero legendario.
Para un servidor, el Barça es ante todo un medio de comunicación. Desde siempre he sabido que el público se ha apropiado de una significación extradeportiva y la ha ejercido con esa inmunidad democrática que consiguen las gentes cuando se las cuenta de 50 en 50.000 personas. Cuidado con la palabra extradeportiva. Cuidado con la palabra extra. Pone los pelos de punta sobre todo cuando se refiere a cosas de por aquí, Pero creo, firmemente creo, que la significación extradeportiva del Barça está cargada de inocencia congénita. Los pueblos necesitan señas de identidad, sobre todo aquellos pueblos que han vivido en permanente riesgo de perderlas, y el Barça es ante todo una seña de identidad. Recuerdo muy bien que en cuanto me nacieron, con la posguerra civil recién estrenada, ser o no ser del Barça era una seña de identidad. Lo siento mucho por los que creen con beatería en el carácter meramente alienante del deporte como espectáculo para hipnotizar a las masas.
Yo no dudo de que el Barça en algún momento haya sido programado para eso. Pero las gentes han demostrado un magnífico sentido de la orientación y, consciente o inconscientemente, han sabido encontrar en la fidelidad al Barça la fidelidad a sus raíces y al futuro de su identidad personal y colectiva.
Durante 13 años, miles de habitantes de Cataluña han esperado una victoria como la de ayer, sin dejar de apoyar a un club que fracasaba año tras año. Ya sólo esta obsesiva historia pone en entredicho el carácter meramente depredador de la participación deportiva de las masas, aunque también sería absurdo generalizar sobre todo lo contrario. El Barça y su público son un caso excepcional, en un país excepcional que ha vivido una historia excepcional.
Es decir: el Barça is different.
8 de abril de 1974.





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