
Originariamente los caminos fueron vertebradores fundamentales de la comunicación entre los pueblos, instrumentos imprescindibles que facilitaban el intercambio económico, social, político y cultural. De ello dan fe las calzadas romanas cuya sabia estructura ha sido calcada en numerosas ocasiones por la brillantez con la que fueron trazadas.
El que los instrumentos que en su origen llevan aparejados un fin natural aparezcan completamente desvirtuados en la práctica es un síntoma inequívoco de que algo falla en la sociedad que padece estas malformaciones. Que una carretera sea concebida para aislar, separar, marginar es una más de las muchas aberraciones que en Israel y los Territorios Ocupados (Gaza y Cisjordania) padecen las personas que pretenden sobrevivir sin dejarse llevar por la locura imperante en cada vez más sectores de los dos bandos enfrentados.
La imagen recogida hoy en las páginas de la sección de información internacional del diario El Pais y que encabeza este texto habla por sí sola. No comparto las sistemáticas críticas que en demasiadas ocasiones recibe Israel, críticas que no parten de una postura mínimamente ecuánime. Creo en el derecho que Israel tiene a existir, creo en los pilares bajo los que se asienta su estado de derecho, confío en su sistema democrático, el único real en la región. Siento solidaridad hacia su pueblo ante los devastadores atentados suicidas de los radicales islamistas, sin embargo, ante imágenes como estas los argumentos se me agotan. Un carril será para judíos, con acceso libre a Jerusalén, el otro para palestinos pero limitado y con continuos controles de seguridad.
Nada justifica este inhumano muro, ni tan siquiera la sacrosanta seguridad, ninguna convivencia podrá ser construida sobre la base de un muro de separación entre comunidades. Un muro que no sólo separa a ambos bandos, sino que dentro del pueblo palestino separa a los campesinos de sus tierras, a los enfermos de los hospitales y a los niños de las escuelas. Si para controlar al 10% de palestinos integrados en grupos violentos hemos de martirizar al conjunto de su población tan sólo empeoraremos la situación.
Las lecciones que la historia ya nos ha proporcionado deberían hacer pensar al gobierno israelí en el colosal error que está cometiendo, no sólo en contra de los palestinos sino también en contra de sus propios ciudadanos y del futuro de Israel.





1 comentarios:
dos meses y medio sin publicar....
tienes una audiencia que se aburre!!! qué desconsideración!!! dale caña hombre!!!! y cambia a vargas llosa hombre, que más que autor del mes va a ser del año colega.
mando abrazos a tu Olimpo.
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