
Estancamiento de la economía, serias dificultades para garantizar la estabilidad del sistema de pensiones, toneladas de basuras acumuladas en una ciudad de la importancia de Nápoles debido a la incapacidad del Estado para hacer frente a la mafia y acabar con las redes que se lucran con el negocio derivado del tratamiento de las basuras... todo ello unido a los elevados precios de los cereales, la crisis en el sector de la mozzarella y la crónica inestabilidad política de Italia que ha tenido más de sesenta gobiernos desde el final de la segunda guerra mundial.
Ante este panorama y tras el derrumbamiento del enésimo gobierno, tras una traición de uno de sus socios, se convocaron unas elecciones anticipadas que han resultado simultáneamente más de lo mismo y también una esperanza para el futuro.
Han sido más de lo mismo debido al regreso de Silvio Berlusconi a la jefatura del Gobierno. Il Cavaliere continúa dominando los medios de comunicación, sus cuentas con la justicia siguen sin aparecer completamente saldadas, sus declaraciones y manera de entender la política continúan produciendo pasmo en sus opositores y en los observadores internacionales. Berlusconi ha llegado incluso a justificar la evasión fiscal si la recaudación del Estado llega a ser excesiva, su política inmigratoria se resume en expulsión de indocumentados y cierre de fronteras, los socios que vuelven a acompañarle en su tercera aventura en el poder son los post-fascistas de Gianfranco Fini y la Liga Norte de Umberto Bossi...
Han sido más de lo mismo debido al regreso de Silvio Berlusconi a la jefatura del Gobierno. Il Cavaliere continúa dominando los medios de comunicación, sus cuentas con la justicia siguen sin aparecer completamente saldadas, sus declaraciones y manera de entender la política continúan produciendo pasmo en sus opositores y en los observadores internacionales. Berlusconi ha llegado incluso a justificar la evasión fiscal si la recaudación del Estado llega a ser excesiva, su política inmigratoria se resume en expulsión de indocumentados y cierre de fronteras, los socios que vuelven a acompañarle en su tercera aventura en el poder son los post-fascistas de Gianfranco Fini y la Liga Norte de Umberto Bossi...
El regreso al poder, con una amplia mayoría, de un proyecto político que se define por la destrucción de los espacios e instituciones públicas imprescindibles para vertebrar a la sociedad y hacer frente a la crisis de identidad de los italianos provoca un gran desconcierto en quien contempla la situación desde el exterior. Sin embargo, Berlusconi no es el único causante de este progresivo estancamiento, más bien parece ser un síntoma, el signo de que algo va mal desde hace mucho tiempo en la sociedad transalpina.
Girando la mirada al otro extremo del arco parlamentario no encontraremos un panorama más alentador, la fragmentación política y la radicalidad han sido dos grandes males de la izquierda italiana. No podemos olvidar que Italia albergaba al Partido Comunista más importante de Europa occidental y eso ha condicionado la construcción de un gran partido de centro-izquierda al estilo español. Conscientes de ello y de la imposibilidad de alcanzar un pacto estable de gobierno con los comunistas, los líderes reformistas italianos, encabezados por el ex Primer Ministro Romano Prodi y el ex alcalde de Roma Walter Veltroni, se lanzaron a finales del pasado año a la construcción de un nuevo partido, el Partido Democrático, que prescindiera de los maximalismos de la izquierda radical y propusiera un programa reformista a los italianos.
Un reformismo que no se limita a la economía sino también a la forma de hacer política, su candidato a la jefatura del gobierno, Walter Veltroni, se ha caracterizado por un discurso moderado, ilustrado, moderno... muy alejado de los circos e insultos de Berlusconi. Sin embargo, el adelanto electoral le privó del tiempo suficiente para construir una sólida formación política capaz de frenar esta pérdida constante de poder adquisitivo, competitividad y prestigio.
De todo ello se deriva el tercer gobierno Berlusconi, más de lo mismo, pero también el final de la sopa de letras, el pluripartidismo que convertía a Italia en un país ingobernable. La independencia lograda por Veltroni supone su consolidación como líder de la esperanza de gran parte de los italianos a que tras las próximas elecciones el Berlusconismo quede atrás definitivamente e Italia encuentre el modo de modernizarse y lograr definir que espera de sí misma en el futuro.
De todo ello se deriva el tercer gobierno Berlusconi, más de lo mismo, pero también el final de la sopa de letras, el pluripartidismo que convertía a Italia en un país ingobernable. La independencia lograda por Veltroni supone su consolidación como líder de la esperanza de gran parte de los italianos a que tras las próximas elecciones el Berlusconismo quede atrás definitivamente e Italia encuentre el modo de modernizarse y lograr definir que espera de sí misma en el futuro.





0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada