
El pasado 23 de julio se publicaron dos artículos en las páginas de opinión de su periódico los cuales leídos uno tras otro produjeron en mí los dos sentimientos que protagonizaban su título y esta carta. El primero, obra de Ernest Maragall, fue una fuente más de decepción al tratar de comprender la postura del catalanismo y en el texto tan sólo encontrar oportunismo. Se criticaba el denostado Manifiesto por la lengua común poniendo en boca de sus defensores ideas que en ningún caso han expuesto tergiversando su objetivo ¿Tras leer el Manifiesto en qué se basa el señor Maragall para decir que dicho documento defiende que “las lenguas cooficiales no pasan de ser lenguas pintorescas para expresión de un folclor trasnochado”?
Asimismo trae a colación a Ortega y Gasset y su España invertebrada de modo ventajista. En el párrafo citado Ortega se refiere a la Castilla de Felipe II donde la define como “suspicaz, angosta, sórdida, agria. Ya no se ocupa en potenciar la vida de las otras regiones...” ¿Esta Castilla, léase Madrid, del 2008 encaja en la descripción orteguiana ó más bien es propia de lo que Jorge M. Reverte define en su artículo como “discurso victimista del nacionalismo asumido por los socialistas catalanes,... El expolio pasa a ser un argumento y la solidaridad una estupidez”.





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