En estos días parece imposible sustraerse al magnetismo de los Juegos Olímpicos que el viernes dieron comienzo en Pekín. Siempre es así, en cada una de sus ediciones la mayor cita deportiva del mundo concita una enorme atención y casi siempre no sólo por las hazañas deportivas, sino también por las repercusiones que la cita tiene a nivel político, económico o social.Esto es así hasta el punto de que muchas de las investigaciones históricas que se hacen de la primera mitad del siglo XX toman como referencia a los Juegos Olímpicos de la era moderna y a la gran importancia que tuvieron desde su primera edición al ser el resultado de las trasformaciones que el mundo había experimentado durante el siglo XIX.
La sociedad industrial, la incipiente interdependencia de las naciones, los nuevos modelos de vida en la sociedad contemporánea... todo ello convierte a los juegos en una extraordinario chequeo al estado del mundo cada cuatro años. La elección de la sede, la clasificación del medallero... siempre han sido resultado del devenir mundial.
Desde la primera edición en Atenas 1896, homenaje al espíritu olímpico al recuperar su legado, hasta la de nuestros días en Pekín 2008, los Juegos se han visto convulsionados por todo tipo de intereses y juegos de poder en el tablero mundial, pero también han sido testigos de las más grandes gestas fruto del espíritu de sacrifico humano. Un espíritu de superación que ha hecho honor al lema del espíritu olímpico siempre más lejos, más alto y más fuerte.
Jesse Owens, Emil Zatopek, Abebe Bikila, Bob Beamon, Mark Spitz, Nadia Comaneci, Carl Lewis, Vitali Scherbo , Michael Johnson, Cathy Freeman, Ian Thorpe, Hicham el Guerrouj, Haile Gebreselassie, Michael Phelps... y un largo etcétera componen la lista de los elegidos que no se limitaron a obtener la gloria del oro sino que edificaron los mitos del deporte contemporáneo en torno a los cuales la humanidad ha mostrado su mejor cara.
Pero también en torno a los juegos grandes nubarrones se han cernido sin compasión y quizás nunca con tanta crueldad y brutalidad como en Berlín en 1936, las olimpiadas nazis. El espíritu olímpico utilizado como acto de propaganda racista y segregación entre los seres humanos, nunca el deporte fue tan ensuciado, pero incluso en mitad de tanta barbarie Jesse Owens mostró que todo no estaba perdido.
Munich 1972 terroristas palestinos entran en la villa olímpica para secuestrar y asesinar a deportistas israelíes, parecía confirmarse que Alemania era la tierra maldita de los judíos. Moscú 1980, los Estados Unidos y parte de los aliados occidentales se niegan a participar en los Juegos en protesta por la invasión soviética de Afganistán, todo ello inscrito en el conflicto soterrado de la guerra fría, Los ángeles 1984, el bloqueo se repite a la inversa volviendo a escenificarse la ruptura de la comunidad internacional.
Hasta llegar a Pekín 2008. Una dictadura comunista organiza los Juegos de la globalización, un país donde no existe la libertad de expresión política, religiosa, de asociación... un gobierno que mantiene en sus cárceles a decenas de miles de presos políticos culpables de expresar su desacuerdo con la falta de libertad, China el país donde más personas son ejecutadas en el mundo es hoy la casa del espíritu olímpico.
Es cierto que del otro lado de la moneda la realidad nos muestra que también es un país inmerso en un cambio vertiginoso en lo económico y en lo social, con una historia riquísima, una cultura impresionante y una capacidad organizativa que la ceremonia de inauguración del viernes ha dejado patente; pero he de confesar que tras disfrutar en mi infancia de los Juegos de Barcelona, premio a la apertura a la democracia de España, nunca imaginé que las crónicas de unas Olimpiadas volvieran a establecer paralelismos con Berlín 36, que los periodistas que allí trabajaran sufrirían la restricción a la libertad de expresión, que los deportistas se verían amenazados con ser expulsados de la competición si utilizando la repercusión que les da su fama mundial denunciaran que hoy en China hay personas en prisión por hacer y decir lo que piensan como yo lo estoy haciendo ahora.
Deberíamos preguntarnos si este es el mundo que queremos que los niños de hoy contemplen como normal, homologado como respetable, un mundo que pretende separar otra vez el deporte de la libertad, que nos dice; disfruta de los fuegos artificiales, de las coreografías multitudinarias, de la grandeza de China, de la fuerza de los deportistas y olvídate de todo lo demás porque nadie está en disposición de recriminarle nada a nadie por más atrocidades que se cometan.





2 comentarios:
Querido amigo:
Deporte y política unidos en una misma entrada, o sea, dos de tus pasiones. Me encanta. En serio, es un placer comprobar que escribes. A seguir en la línea, ¿eh? Que no se nos olvide. Un abrazo. Te seguiré fielmente si continúas con este ritmo de publicación
L.B.
PD ¿Alguna "carta al director" reciente ha visto la luz? Más que nada es por saber si debo ponerme las pilas yo también. Saludos
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